EL ICEBERG MÁS GRANDE DEL MUNDO SE DESPRENDIÓ DE LA ANTÁRTIDA

Este coloso de hielo, conocido como A23a, con un peso estimado de casi un billón de toneladas y una superficie de 3.600 kilómetros cuadrados —equivalente a cinco veces la superficie de Nueva York—, se encuentra ahora a la deriva en el Océano Austral. Así lo confirmaron las imágenes satelitales analizadas por el British Antarctic Survey (BAS), que permitieron identificar el desplazamiento de esta enorme masa de hielo.

Según informaron los científicos del Instituto Polar británico, el mega témpano, que duplica en tamaño la superficie del Gran Londres, viajará hacia las aguas más cálidas del Atlántico Sur. En esta zona, se espera que eventualmente se rompa en fragmentos más pequeños hasta desintegrarse por completo.

El doctor en geología y glaciólogo Lucas Ruiz, investigador adjunto del Conicet en el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA), explicó que lo visible del témpano representa apenas el 10% de su volumen total, ya que el resto permanece sumergido hasta alcanzar el fondo marino.

De acuerdo con los especialistas británicos, el cambio climático pudo haber influido en el movimiento del iceberg A23a, que se encuentra en un estado de deterioro evidente. Las temperaturas más cálidas, tanto del aire como de las aguas superficiales del océano, fueron desgastando sus bordes, aunque su parte central permanece relativamente intacta. No obstante, los investigadores destacan que el fenómeno requiere de más análisis.

Por su parte, Ruiz consideró que hace falta más investigación para determinar si el aumento de la temperatura global es la causa directa del desprendimiento de este coloso, o si, en el caso del A23a, se trata de un proceso natural. “Los icebergs, a medida que se desprenden de la plataforma antártica, navegan hacia aguas más meridionales como parte de su ciclo de vida natural”, afirmó el experto.

A medida que el iceberg A23a avanza hacia zonas más cálidas alejadas de la Antártida, su masa, alguna vez colosal, se va reduciendo. Este viaje, según los expertos, acelerará su desintegración final, un proceso inevitable debido a la combinación de las temperaturas oceánicas más elevadas y la exposición a las condiciones climáticas más hostiles fuera de las regiones polares.

El caso del A23a es un recordatorio de las complejas interacciones entre los fenómenos naturales y los posibles efectos del cambio climático en las regiones más frágiles del planeta, como la Antártida. Su futuro, aunque incierto, refleja la transformación constante del entorno polar y sus repercusiones en el equilibrio global.