La crisis ambiental en Medio Oriente vuelve a estar en el centro de la atención internacional, luego de que un reciente informe ubicara a Bagdad entre las ciudades más contaminadas del mundo. El estudio reveló que la capital iraquí enfrenta niveles alarmantes de polución atmosférica, provocados por la quema de combustibles fósiles, la circulación vehicular sin control y la escasa regulación ambiental.
A estos factores se suman las tormentas de arena y polvo que, intensificadas por el cambio climático y la desertificación, empeoran la calidad del aire y agravan los problemas respiratorios en la población. Expertos advierten que miles de personas sufren enfermedades pulmonares crónicas, y que el sistema sanitario enfrenta serias dificultades para atender la demanda creciente de pacientes con afecciones vinculadas a la contaminación.
Organismos internacionales y ambientalistas reclaman políticas urgentes para mitigar la crisis, como la inversión en energías limpias, un transporte público más eficiente y campañas de concientización ciudadana. Sin embargo, la inestabilidad política y los conflictos en la región complican la implementación de medidas sostenidas, dejando a millones de habitantes expuestos a un aire cada vez más nocivo.

