Alicia Alonso nació el 21 de diciembre de 1920 en La Habana, Cuba. Desde temprana edad, mostró aptitudes excepcionales para la danza, iniciando su formación en ballet clásico en su ciudad natal. A los 19 años, se trasladó a Nueva York para perfeccionar su técnica, ingresando en la School of American Ballet y posteriormente en el American Ballet Theatre.
A pesar de enfrentar problemas de visión que la acompañaron gran parte de su vida, Alonso desarrolló una carrera brillante como bailarina. Su interpretación de «Giselle» es considerada una de las más emblemáticas en la historia del ballet, destacándose por su técnica impecable y profunda expresividad. Su dedicación y pasión por la danza la convirtieron en una figura icónica a nivel mundial.
En 1948, junto a su esposo Fernando Alonso y su cuñado Alberto Alonso, fundó el Ballet Alicia Alonso, que más tarde se convertiría en el Ballet Nacional de Cuba. Bajo su dirección, la compañía alcanzó reconocimiento internacional, fusionando la técnica clásica con elementos de la cultura cubana, y formando a generaciones de bailarines que brillaron en escenarios globales.
Alonso también fue una ferviente promotora de la educación en danza. Estableció escuelas y programas de formación que elevaron el nivel del ballet en Cuba, posicionando al país como un referente en esta disciplina. Su compromiso con la enseñanza aseguró la continuidad y evolución del ballet en la isla, dejando una huella perdurable en la cultura cubana.
Alicia Alonso falleció en 2019, dejando un legado monumental en el mundo de la danza. Su vida y obra no solo reflejan su talento excepcional, sino también su resiliencia y dedicación a la promoción del arte y la cultura. Su influencia perdura en las generaciones de bailarines que siguen sus pasos y en el público que continúa admirando su contribución al ballet mundial.

